Investigación Encubierta:

Perros Desesperados, Confinados y Criados en Fábrica de Cachorros Similar a una Prisión y Vendidos para Experimentación

Una investigación encubierta de PETA de 2021 encontró 5.000 perros y cachorros beagle confinados de manera intensiva en caniles y jaulas pequeños e inhóspitos 24/7 en una enorme fábrica de cachorros en Cumberland, Virginia. Durante el trascurso de la investigación, este establecimiento de cría era operado por su dueño, Envigo.

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Basados en la evidencia de PETA, un equipo de funcionarios del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) condujo una inspección de varios días en la fábrica de perros.

Los perros no tenían camas, ni juguetes ni estímulos, no tenían una vida real. Durante más de 50 años, varias compañías han criado perros en esta fábrica industrial de perros para venderlos a laboratorios para experimentación.

Los perros estaban en cobertizos cuya extensión equivalía a la de un campo de fútbol y los ladridos eran ensordecedores cuando cientos de ellos ladraban al mismo tiempo. El nivel de ruido llegaba a los 117 decibeles (mayores a los de un concierto de rock) y, por supuesto, los perros no tenían modo de escapar del ruido que era prácticamente constante. El sistema auditivo de los perros es mucho más sensible que el de los humanos, oyen sonidos que nosotros no y de una distancia mucho mayor.

Las condiciones de hacinamiento y estrés provocaban peleas entre los perros, las cuales muchas veces culminaban con lesiones, especialmente en las orejas.

Las hembras son reproducidas reiteradamente durante años. Muchas daban a luz sobre la dureza del suelo.

Un supervisor encontró que una hembra embarazada tenía fiebre. Al día siguiente, un trabajador la encontró “muerta… rígida como una tabla”, con “dos bebés dentro y… le habían desgarrado el útero [y] estaban como flotando por su abdomen. Como que… la placenta… estaba toda… en su estómago. Y creo que eso generó una infección masiva”.

Cachorros Muertos y Moribundos: Algo Casi Diario

Durante el trascurso de la investigación, el testigo de PETA encontró más de 350cachorros muertos entre los integrantes vivos de sus camadas y las madres. Algunos cachorros habían muerto aplastados sin querer por sus madres dentro de las estrechas jaulas, mientras que otros sufrían de hidrocefalia (afección en la que se acumula líquido dentro del cráneo y ejerce presión sobre el cerebro), eran eviscerados, o no podían sobrevivir a las duras condiciones de vida.

Un lunes, el investigador de PETA encontró un cachorro cuyo cuerpo estaba abierto, en descomposición y olía a rancio en la jaula con su madre y los integrantes de la camada. Un trabajador señaló: “Probablemente ese cachorro está allí desde el viernes”.

Algunos cachorros caían a través de agujeros en las jaulas y terminaban en los desagües, empapados y cubiertos de heces, paja y desechos. Por lo general no sobrevivían.

El investigador de PETA llevó a uno de esos cachorros al supervisor y al gerente del lugar, quienes respondieron “Mierda”. Mientras el personal discutía si ponían al cachorro con una madre lactante cercana, el gerente dijo de los perros en la sala: “Honestamente, por Dios, esos cabrones están tan cercanamente emparentados… probablemente no estemos tan errados”. A la mañana siguiente, el investigador de PETA encontró al cachorro muerto.

Cachorros Conscientes Asesinados por Inyección Intracardíaca; Atroz e Inaceptable

Los trabajadores mataban a los cachorros tratando de inyectarles una solución eutanásica en el corazón mientras estaban conscientes y podían sentir la aguja penetrar en su torso, algo contrario a las pautas veterinarias para la eutanasia.

Después de que un trabajador negara que necesitara sedar a una cachorra consciente antes de matarla, la cachorra levantó la cabeza. Cuando el investigador de PETA señaló que “sigue… despierta”, el trabajador no respondió. Solo colocó la aguja en el torso del animal e inyectó la solución.

Un supervisor estaba al tanto de esta práctica y sabía que al menos un trabajador se dedicaba a ello. Algunos trabajadores hacían poco (o nada) para verificar que los animales estuvieran muertos antes de ponerlos en bolsas plásticas.

Empapaban a los Animales y a la Comida con Agua a Alta Presión

Las madres lactantes y sus bebés eran dejados en jaulas mientras un supervisor y otros lanzaban agua sobre las jaulas con una manguera de alta presión. Los perros quedaban totalmente empapados.

Lanzar agua sin ningún cuidado también dejaba a la comida enmohecida y la descomponía, y a veces los gusanos infestaban la comida de los cachorros.

Además, la instalación enjaulaba a gatos en salas desoladas, donde ansiaban atención con desesperación.

Trabajadores Novatos sin Credenciales Veterinarias ‘Diagnosticaban’ y Abrían a Perros

Cuando los perros estaban enfermos o lastimados, trabajadores novatos trataban de diagnosticarlos y brindarles tratamiento.

Un supervisor insertó una aguja en la cabeza de un cachorro sin anestesia ni analgésicos, en un crudo intento por drenar fluido desde una herida. El cachorro gritó fuertemente, entonces el supervisor trató de mantenerle la boca cerrada.

Los trabajadores, que no eran veterinarios (ni siquiera técnicos veterinarios), cortaban tejido prolapsado de los ojos de los cachorros, suturaban los penes con prolapso de los perros e incluso cortaban y sacaban a los cachorros del abdomen de las perras sedadas antes de matar a las madres.

Se esperaba que realizaran “necropsias” abriendo los restos de los cachorros en un intento de determinar la causa de sus muertes.

Procedimientos Estándar y el Sufrimiento que Causaron

A los trabajadores les indicaban usar abrazaderas para quitarles los espolones a los perros (donde el hueso se une con la uña) sin analgésicos.

Los trabajadores también tenían la tarea de presionar abrazaderas con agujas en las orejas de los cachorros –mientras sus madres observaban– y luego frotaban pintura en las perforaciones para tatuarlos. Decenas de cachorros eran tatuados tres veces, primero con información errónea, luego con “X” sobre los errores y después nuevamente con el tatuaje en cuestión.

Rechazo a Seguir las Directivas de los Organismos Federales y Conspirar para Ocultarlo

En las últimas 48 horas con los cachorros, los trabajadores privaban de comida a las madres lactantes de manera intencional. Según un supervisor, los inspectores del USDA le dijeron a la gerencia en julio que les dieran de comer a las madres durante su último día de lactancia, pero el supervisor se negó y siguió privando a las madres incluso de media taza de alimento para perros.

Tras decirle al investigador de PETA y a otro trabajador que las perras lactantes “no habían sido alimentadas”, el supervisor advirtió: “Si mucha gente lo sabe, saldrá a la luz que eso es lo que estamos haciendo, y luego se complicará”. Más tarde, el supervisor alentó a los trabajadores a decir que alimentaban a las madres lactantes (si les preguntaban) a pesar de que les instruyeron no hacerlo.

¡Tú Puedes Ayudar!

Los experimentos realizados en estos beagles y en otros animales son crueles y nada éticos, pero ¿sabías que un escalofriante 90% de la investigación básica, la mayoría de la cual involucra animales no conduce a tratamientos para humanos? Y, sin embargo, el mayor financiador de la investigación en EE.UU., los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) gastan casi la mitad de su presupuesto anual en estudios con animales. Eso representa $19,6 mil millones por año que se tiran a la basura.

Necesitamos una forma mejor de hacerlo; los científicos de PETA ya lo han ideado. El Acuerdo de Modernización de la Investigación traza un plan y una estrategia detallados, para optimizar la inversión de EE.UU. en investigación para curar enfermedades, terminando con el financiamiento de los experimentos en animales e invertir en investigación relevante para humanos.

Insta a los miembros del Congreso a instruir a los NIH a dejar de despilfarrar nuestros impuestos en experimentos crueles e inservibles en animales como estos beagles y mejor se enfoquen en métodos de investigación modernos sin animales.


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