El Infierno de las Carreras:

El Mortal Mundo de las Carreras Clandestinas de Caballos

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Actualización (10 de agosto de 2022): Después de la publicación de la investigación encubierta de PETA, Rancho El Canelo canceló las carreras programadas para el 6 de agosto y Rancho El Centenario canceló las carreras programadas para el 7 de agosto. Ahora, PETA se ha enterado de que hay carreras de caballos clandestinas programadas para este fin de semana en Tennessee, que involucran dos de las caballerizas que compiten en Georgia. Hemos advertido a la Oficina del Sheriff del Condado de Shelby y la instamos a que investigue.

Desde junio de 2021 hasta abril de 2022, un equipo de empleados de PETA investigó las carreras de caballos cuarto de milla no reguladas en Georgia, principalmente en el carril más grande de Georgia, el Rancho El Centenario (al sur de Atlanta). Más de 100 de estas pistas operan en todo EE.UU., desde California hasta Virginia, pasando en gran medida desapercibidos.

Rápido y Furioso

El cuarto de milla es la raza de caballos más rápida para correr un cuarto de milla o menos. Estas “carreras parejeras” son carreras de dos a seis caballos que compiten entre sí a velocidades vertiginosas en una pista recta con distancias que van de 5 a 400 yardas. En un día de carreras habitual se pueden realizar hasta 20 carreras.

PETA descubrió un submundo clandestino de crimen y crueldad, donde los asistentes apuestan cientos de miles de dólares, y los entrenadores y jinetes drogan, azotan y aplican descargas eléctricas a los caballos para tratar de ganar a cualquier costo.

Lo más bajo de las Carreras de Caballos:

Metanfetaminas y Cocaína

Los investigadores se horrorizaron al ver a los equipos que competían inyectar sustancias en el cuello de los caballos poco antes de las carreras, a menudo en la pista misma. Los corredores experimentan con cócteles de drogas para acelerar a los caballos, enmascarar lesiones y eliminar el dolor, esperando alcanzar la máxima velocidad de los caballos.

PETA pudo recolectar 27 jeringas y/o agujas en total, en seis fechas diferentes. Las pruebas de dopaje realizadas por un laboratorio acreditado por Racing Medication & Testing Consortium revelaron que las jeringas contenían cocaína, metanfetamina, metilfenidato (Ritalin) y cafeína, a veces combinadas.

Después de ver cómo lo inyectaban, otro entrenador ofreció en broma su brazo para que lo inyectaran y luego se sacudió simulando el estímulo producido por la droga. Todos saben lo que contienen estas jeringas.

Caballos Reciben Descargas Eléctricas y son Azotados Implacablemente

Los jinetes azotaban a los caballos implacablemente –a menudo más de 20 veces seguidas– y otros miembros del equipo incluso golpeaban a los caballos por detrás cuando se abrían las puertas de salida. Los jinetes y manejadores también azotaban y golpeaban a los caballos antes de las carreras, durante la carga y en las puertas de salida, como castigo y/o para controlar el comportamiento rebelde de los caballos drogados.

Los jinetes no se limitaban a azotarlos: las imágenes de primeros planos de los investigadores revelaron dispositivos de descarga eléctrica (también conocidos como “máquinas” o “chicharras”) que los jinetes tenían en sus manos o pegados con cinta adhesiva a sus muñecas. Los usan para aplicarles descargas eléctricas en el cuello a los caballos durante las carreras, incluso los usan muchos jinetes que también corren en pistas convencionales, donde el uso o la posesión de estos dispositivos resultaría en una suspensión de varios años.

Bryan Candanosa, quien más dinero ha ganado en hipódromos regulados en 2022, con un dispositivo de descarga eléctrica en un hipódromo rural clandestino en febrero

Jinetes Arriesgan sus Propias Vidas y Extremidades

Cuando los caballos sufren colapsos catastróficos en las carreras, los jinetes a menudo resultan gravemente heridos en las caídas.

En un incidente en el Rancho El Centenario en 2021, el infame jinete Roman Chapa (a quien se le había prohibido competir en hipódromos convencionales después de que lo fotografiaran sosteniendo un dispositivo de descarga eléctrica) montó un caballo que se cayó y resultó fatalmente herido; Chapa después murió por sus graves heridas.

El locutor de la pista y los guardias de seguridad les dicen a los asistentes que dejen de filmar después de estos espantosos colapsos, pero algunos videos se publican en línea, y los investigadores de PETA han filmado escrupulosamente en persona y recopilado muchos otros videos de lesiones y muertes en Rancho El Centenario.

Osdany Leal sufrió graves lesiones en la columna vertebral en esta caída y el caballo La Diosa fue asesinado. Los jinetes, cómplices de llevar al extremo a los caballos, eligen correr estos riesgos peligrosos, pero los caballos no tienen alternativa.

PETA también identificó a jinetes menores de edad que solo tenían 13 y 14 años cuando corrían en estas pistas de Georgia.

Jinete de catorce años con un dispositivo de descarga eléctrica

Jinete de trece años con el entrenador José Pujol, que fue filmado por PETA inyectando cocaína a un caballo en 2021

Estas pistas clandestinas donde se cometen delitos, son el lado oscuro de una más amplia industria de las carreras de caballos de cuarto de milla, que lucra con la cría y venta de estos caballos, y luego miran hacia otro lado.

PETA encontró este cadáver de un caballo pudriéndose a unos pies de la pista en agosto de 2021.

Fuertes Apuestas

Las apuestas ocupaban un lugar destacado en el funcionamiento de estas carreras. Además de las tarifas de admisión de hasta $100, la gente apostaba con descaro lo que parecían ser cientos de miles de dólares. El locutor del hipódromo comunicaba las “ventajas”, las probabilidades de ganar en las carreras. Los caballos tenían que ganar por al menos una cierta parte del cuerpo, por ejemplo, la nariz o pico, la cabeza, la cincha o faja, la parte trasera o blanco, o la cola o claro para que los apostantes ganaran. Entre los espectadores circulaban múltiples corredores de apuestas, levantando apuestas en persona y por teléfono. Los jinetes, entrenadores y propietarios a menudo pueden ganar más dinero en este lucrativo mercado negro de carreras que en los hipódromos convencionales de cuarto de milla.

Correr Hasta Morir

El dopaje, los latigazos y las descargas eléctricas generan un riesgo extremo de accidentes y lesiones fatales para los caballos. Los caballos en estos carriles colapsan con frecuencia, y a menudo terminan muriendo.

PETA filmó una carrera en marzo de 2022 en la que los dos caballos de la carrera murieron: uno de los caballos se tambaleaba con una pierna gravemente rota que le colgaba, antes de recibir un disparo en la cabeza.

Luego, un trabajador arrastró impasible por la pista al caballo muerto con un tractor.

El caballo “ganador” murió de un infarto.

¡Tú Puedes Ayudarnos a Detener Esto!

PETA ha pedido a las fuerzas del orden público locales y estatales que investiguen y procesen toda conducta ilegal para que a los caballos no les inyecten más drogas callejeras ni les apliquen descargas eléctricas ni tampoco mueran por colapsos espantosos. Mientras tanto, pídele a la Asociación Estadounidense de Caballos Cuarto de Milla (AQHA, por su sigla en inglés) que prohíba a los jinetes, entrenadores o propietarios que participen en carreras clandestinas no reguladas.

El Infierno de las Carreras: El Mundo Letal de las Carreras Clandestinas de Caballos

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